2/3/13

Humor - Sombreos, Abuelos y Monos


Tinta y aguada de tinta.


Ilustración para acompañar este genial fragmento de Adrián Paenza, del libro 'matemática… ¿estás ahí?' episodio 100:


Sombreros, abuelos y monos.

Esta historia apareció en la revista Scientific American, en junio de 2007. Me encantó. No pude encontrar el nombre del autor en la publicación por lo que –quizá por mi impericia– no le puedo dar
el crédito que le corresponde. Pido disculpas…

Cuenta este artículo que un señor que se dedicaba a vender sombreros hizo un alto en su caminata vencido por el cansancio y el sol. Se sentó junto al tronco de un árbol y se quedó dormido. Cuando se despertó, advirtió que en una de las ramas del árbol había un grupo de monos que se habían apoderado de sus sombreros, y que sólo le quedaba el que estaba usando él. Empezó a hacerles señas a los monos para que se los devolvieran, pero por más esfuerzos que hacía, los monos permanecían impertérritos.

En un momento determinado, ya muy frustrado, se sacó el sombrero y lo tiró al piso con fastidio. Increíblemente, los monos le copiaron el gesto, y arrojaron ellos también los sombreros que tenían. El hombre no podía salir de su asombro. Había conseguido recuperar, de forma inesperada, toda su mercadería. Los recogió y partió apresuradamente.

Pasaron más de cincuenta años y, una vez más, otro hombre que también vendía sombreros vivía una situación parecida. Curiosamente, se trataba del nieto del señor que había vivido la experiencia que describí más arriba. También él se quedó dormido y volvió a suceder lo mismo. Cuando se despertó, vio que un
grupo de monos se había apoderado de todos los sombreros (salvo el que usaba él). En ese momento, recordó lo que le había dicho su abuelo y, sin dudar, arrojó su sombrero al piso con gesto de fastidio. De inmediato, uno de los monos que estaba en la rama bajó apurado, tomó el sombrero que estaba en el piso y, corriendo, se trepó nuevamente al árbol.

El joven miraba hacia arriba azorado, cuando el mono le gritó: “¿Vos te creías que eras el único que tenía abuelo?”.



Esta historia, pese a que en principio parece no tener nada que ver con la matemática, refleja lo que uno hace muchas veces dentro de esta ciencia: busca patrones, busca ideas que se repitan. Un médico busca “patrones” o “síntomas” o “signos” que le indiquen qué puede tener un paciente. Algo más pedestre: una persona que escucha un ruido dentro de la casa sabe si preocuparse o no, teniendo en cuenta si es algo
que ya escuchó antes o si se trata de un ruido distinto. Compara, entonces, el ruido que escuchó con los patrones que tiene internalizados. Cuando uno huele algo o saborea algo, sabe si le gusta o no, o si
le va a gustar o no, teniendo en cuenta, también, los patrones que haya registrado hasta ese momento.

Aunque no lo parezca, la matemática es –en esencia– una ciencia que busca patrones todo el tiempo. Uno busca patrones de longitud, de superficie, de volumen (por poner algunos ejemplos), así como podría buscar patrones de conducta, de velocidad, de simetría, numéricos, de forma, de movimiento, estáticos, dinámicos,
cualitativos, cuantitativos… Todos son patrones.

Frente a eso, los monos, que habían aprendido la lección, comprendieron “dónde buscar el patrón”… y en este caso, ¡no repetirlo!



2 comentarios:

Eddy dijo...

jajaja buena historia :P la verdad es que los humanos somos muy poco espabilados en esto de adaptarse a las situaciones nuevas y evolucionar.

Muy chulo tu mono, el tattoo mola un montón! :P
sabes qué le quedaría genial? un sombrero! xD

Laura Lobón Castro dijo...

Jajajaj, un sombrero, si!